La industria del libro está atravesando por un proceso que la obliga a replantearse los pilares de su organización. Hace unos años ya que se habla de la digitalización de contenidos de todo tipo para que estos puedan ser difundidos en la red. Respecto a este asunto hay diversas opiniones; por un lado las más positivas, que apoyan la iniciativa argumentando que los beneficios para la sociedad serían evidentes: los estudiantes tendrían mayor y mejor acceso a diversos materiales necesarios para sus estudios, las barreras económicas se verían anuladas o notablemente reducidas, etc. A final de cuentas la cultura dejaría de ser un lugar privilegiado para pocos.
Por el otro lado, la postura antagónica afirma que la digitalización de contenidos conlleva la mediocridad del consumo, la pérdida de valor de los productos culturales y la masificación descontrolada de obras “únicas”.
En la industria del libro se ha temido lo peor luego de conocer las negativas consecuencias que trajeron aparejada la digitalización y la difusión de los contenidos de la industria discográfica.
Respecto de los riesgos que en este momento está asumiendo la industria del libro por el impacto de la digitalización de contenidos se consultó a Juan Pablo Giovaneli, responsable de prensa en la empresa Price Water House Coopers. Actualmente Giovaneli está trabajando en un informe titulado “Los latinoamericanos no gastan en libros”, y asegura que “hoy en día ese impacto, al menos en la Argentina, es bajo: no veo la proliferación de formatos digitales como hay en los Estados Unidos con el Kindle que lanzó Amazon y tampoco creo que mucha gente lea libros desde otras plataformas digitales.”
Giovaneli también afirma que “el mercado digital de libros originales en la Argentina es aún incipiente”, por lo cual, es todavía muy interesante para las empresas editoriales, teniendo en cuenta principalmente que “el mercado tradicional factura unos US$ 200 millones” anuales.
Por los motivos expuestos, se puede concluir que la Argentina, al no llevar el “ritmo” que lleva un país como los Estados Unidos, se encuentra lejos aún de vivir el pleno impacto de la digitalización de sus contenidos y sus consecuencias.

